En esta bahía existe un pequeño restaurante, al que asaltamos con clamatos y en nuestra hielera, lo necesario para los respectivos sándwich de atún. Así que comimos tranquilas, el lugar, se encontraba solo, por lo que la sensación de paz fue inevitable.
El sol seguía su ruta y parecía estar igual de cansado que nosotras, así que la jornada debía terminar antes de las 6.30, por lo que el camino de regreso en la lancha, fue el momento perfecto para compartir carcajadas, fotos, burlas por tragar tanta agua, y los indicios de que habíamos tomado sol en exceso eran evidente, al menos yo, me pongo como camarón recién cocido. Sobre todo por el snorkel.
Para las 8 de la noche, listas para pasear por Huatulco y sus calles mágicas que envuelven el estilo oaxaqueño, indígena y moderno reflejo en su centro y sus plaza, que a su vez es obligatorio hacer parada rigurosa para conocer un poco de su historia, de su comercio, ver artesanías, sentir la vibra de sus calles y arquitectura y debo decir, que lo que se vende es muy similar a lo que se encuentra en muchos destinos de playa de nuestro país, sobre todo cuando de recuerdos se trata, son los mismos ceniceros pero cambia el destino, aún así, el respectivo imán no pudo faltar ni los aretes artesanales de la plaza central.
Recordando al taxista y su frase: Huatulco es tranquilidad, descanso. Recorrimos la zona de bares y en verdad es que esperábamos un poco más de fiesta, que si bien existe, la realidad es que es muy tranquilo, si se descansa… Los bares se encuentran en una calle con algunos seis lugares y bueno, pero al ser pocos, la concentración se da en uno o dos, y nada más.
El segundo y último día, teníamos como única actividad: no hacer nada. Por $150 pesos una palapa proporcionaba la sombra necesaria, $80 pesos la renta del equipo de snorkel, $80 pesos para un tatuaje de gena muy playero, $20 pesos de taxi y lo demás fue impecablemente gratis.
Simplemente dejar pasar el domingo debajo de una palapa. Disfrutando del calor y de poder caminar unos pasos por la playa, bucear un rato, sumergirse en el pacífico por tiempos cortos. Ya cansadas del descanso aprovechamos este día para descansar más, dormir, comer… ver a los turistas caminar por la arena. Leer, sol y más sol, además de la exquisita comida mexicana, unas cervezas… se fue el sol, por ende el domingo y el regreso estaba más cerca. Regaderazo nos vamos.
Huatulco si es tranquilidad, amabilidad, hospitalidad, relajación. Playas solas y pequeñas. Playas que parecen perdidas entre los cerros, aisladas una de la otra, separadas y diferentes, Huatulco es acogedor.
Huatulco, es diferente, es único y variado, es tranquilo, sí, hay paz aún con gente, sigue siendo un ambiente familiar y con una forma de vida en la que parece no existir preocupaciones cotidianas. Huatulco es Oaxaca, es mágico.
Disfrutamos de una salida a nuestra propia cotidianidad, una tranquilidad que nos permitió apreciar de la naturaleza, de la forma de vida, de la paz del océano pacifico alejado de la fiesta, de la multitud, del ruido, de la sobrepoblación, del tráfico, de la cotidianidad del urbanismo… de nuestra propia apreciación de vivir.
Huatulco es perfecto para hacer snorkel y bucear, es perfecto para descansar y pasar ratos largos de pasividad, para leer un buen libro bajo una palapa, tener una buena plática, sin presión, sin prisa, disfrutar un rico café por la mañana y una fría cerveza por la tarde, el sol en verano es intenso y pareciera que el mar cuenta con la temperatura perfecta para refrescarte.
Qué razón tenía nuestro amigo taxista, por eso estaba tan seguro que no era Acapulco, o Los Cabos, si, es otro ambiente, es un ambiente más natural, más austero, más tranquilo y además, más económico.
A las 7 de la tarde, vuelo de regreso. A las 8.30 de la noche ya estábamos en casa en otra realidad, en la ciudad de México, el tráfico, las prisas y los pendientes pero con una sonrisa en el rostro.
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